martes, 17 de septiembre de 2019







Sombra.

En lo ancestral recordé cuando el Tiempo le dijo al Destino el secreto de los Momentos.

Este secreto encerraba el capricho de ser un misterio revelado según el Tiempo, pero el Destino deseaba que fuera encontrado por esfuerzo. A veces el Destino consideraba que el secreto regalado por el Tiempo poseía un poder desconocido. Así fue que ante el asombro reflexionado decidió desprenderse sobre aquel que lo pudiera entender. 


El tiempo sin asombro fue rencoroso, marginando en su búsqueda en aquel que lo pueda ver. Centurias pasaron y el Tiempo camina firme entre el concreto siendo un ancestral concepto. Los Momentos aun duermen entre la perspectiva individual del Destino, mientras que el Tiempo sin Remordimiento con sus leyes confunden el camino hacia el Secreto. Recuerdo el furor de aquella confusión; el nacimiento de el dolor.

Mire desde aquel ancestral instante el horizonte de nubes serenas poseídas por mi, en aquel suspiro. No basta entender el juego de alta jerarquía observada, reflexionada o contextualizada  entre infinitas doctrinas, verdades transitorias que arropan cada día, etapa y proceso individual. Innumerables ojos observan y se imitan buscando el eco del secreto perdido. El recuerdo nació en la búsqueda y perdida gradual del asombro que en momento fue todo un universo plasmado en lo eterno.
El cimiento de lo que esperamos se asoma a la justificación y entendimiento de lo alcanzable de los fracasos por olvidar momentos con o sin pretextos. 


Herencia de los griegos; somos los hijos del teatro social contemporáneo; dentro de cajas que caminamos y no escalamos.

 Somos la sombra.




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