miércoles, 28 de febrero de 2018



“Las muestras extraídas de la Atmosfera de Venus han provocado enorme sorpresa en los científicos. Aunque en un principio paso inadvertida, una minúscula criatura de apenas un cuarto de milímetro de diámetro se ha convertido en la primera prueba de vida extraterrestre en la historia. Fue descubierta en e interior de un receptáculo de la nave robótica: BepiColombo de la Agencia espacial Europea (ESA) tras una incursión en la atmosfera venusiana.

El ser, cuya clasificación taxonómica está aún por definirse, presentaba forma de burbuja antes de “desinflarse” al interior del aparato, esto a juzgar por la flácida capa de piel que quedó y se puede apreciar lo que parece una docena de cilios o filamentos que pudieran servirle como medio de locomoción o alimentación. El análisis postmortem ha revelado una rara constitución orgánica basada en enlaces de carbono y nitrógeno.

Ex biólogos de la NASA no descartan que en la nave pudo haber recogido cientos de especímenes similares, pero se habrían desintegrado durante el violento contacto con el brazo robótico o debido a las condiciones extremas del viaje de regreso a la Tierra. Se cree que “Bepi” como ha sido bautizada por el equipo científico que la descubrió, es tan solo uno de entre miles de millones de entes similares que habitan la densa capa de nubes que cubre su planeta, por lo que ya se ha diseñado un sistema que pueda capturar más ejemplares sin causarles daño-un vehículo en forma de globo aerostático-.




Grupos ambientales han levantado de inmediato la voz ante lo que consideran un atentado contra la naturaleza, y también han expresado su inquietud por la posible contaminación que pudiera ocasionar en la Tierra.

Sobre este último la ESA aclaro que si bien se han seguido las más estrictas normas de seguridad para evitarlo, en realidad la Atmósfera de nuestro planeta es la que representa un auténtico peligro para esta clase se seres.”

Lo anterior es mera especulación pero no escapa a las posibilidades científicas que han considerado sobre la existencia de vida en otros mundos. Se calcula que tan solo la Vía Láctea hay alrededor de 100,000 millones de planetas-17,000 millones de ellos con un tamaño similar al nuestro-. Desde épocas pasadas, tras reconocerse que el Sol era el centro del sistema planetario, y más aun con el advenimiento de los telescopios astronómicos, la gran inquietud ha sido saber si los otros cuerpos celestes están ocupados, y en su caso cuál sería el aspecto que tendría sus habitantes.

Esta pregunta fue planteada por el escritor y divulgador francés Fontelle ( 1657-1757) que en su libro “Conversaciones sobre la pluralidad de mundos” además de explicar la teoría heliocéntrica de Galileo, opinaba que cada uno de los planetas contaría con características propias y, en consecuencia, sus pobladores, a los que creía físicamente similares al ser humano, tendrían costumbres muy diferentes de las nuestras. Escribió por ejemplo, que los selenitas, aquellos que vivían en la Luna, tenían que habitar en ciudades subterráneas, dado que el satélite no había agua ni nubes, tampoco protección alguna contra los rayos solares. Sus observaciones sobre el resto de los planetas del Sistema Solar atendían a la proximidad de nuestra estrella, y de ahí que la temperatura, tuviera efectos sobre el carácter; los venusinos eran más alegres por su cercanía al Sol, mientras que los Saturninos deberían ser más flemáticos, y los marcianos no deferían mucho de los terrícolas.

Dos siglos después, la carrera espacial impulso la exploración y el análisis real de los cuerpos celestes. La espectrometría ha revelado que las condiciones bioquímicas de los planetas más cercanos hacen imposible la probabilidad de condiciones óptimas para el desarrollo de una civilización similar a la nuestra. La propiedad de los seres para crecer, reproducirse y relacionarse con el ambiente ha sido vinculada con la necesaria presencia de agua en el medio ambiente de cualquier planeta que pueda describirse.

Bajo esta idea, la directiva que seguido las misiones de exploración del Sistema Solar se basa en la búsqueda de sitios donde el agua líquida pueda estar o haya estado presente. Por esto cada vez que se encuentran rastros de este compuesto en la geología extraterrestre, los encabezados de los medios de comunicación recorren el mundo llenos de expectación y ansiedad asegurando “esa posibilidad de vida tal como la que conocemos”, sin considerar que la sola presencia del compuesto, a menudo en cantidades mínimas, no es una garantía absoluta. Esta forma de pensamiento, el suponer que la nuestra sea la única clase de existencia en el Cosmos, ha sido calificada por los expertos como “terracentridad”; de ahí que se requiera de un gran esfuerzo para ampliar nuestras ideas sobre donde puede ser posible la vida y que formas reales podría tener. Esto implica que pueda existir otros ambientes que no necesariamente sean necesarios idénticos al nuestro, cuya bioquímica sea del todo funcional que en condiciones que a nosotros podrán parecernos letales o ajenas a nuestro entendimiento científico ordinario.
Fuente: NASA Noticias
Dra. Anayatzin S. Mendoza









0 comentarios:

Publicar un comentario