sábado, 14 de diciembre de 2019

El domingo 28 de octubre de 1973 tuvo lugar uno de los sucesos que más darían que hablar por muchos años y que se y que se convirtió en uno de los clásicos del fenómeno ovni argentino ... el caso conocido como Operación Bordeau.

       

Los hechos ocurrieron así: El joven camionero Dionisio Llanca, debe llevar una carga de materiales de construcción desde Bahía Blanca hasta Río Gallegos (dos localidades del sur argentino). Dionisio mira TV hasta las 0:30 en casa de su tío Enrique Ruiz. Después de esa hora sale con su camión Dodge a la ruta, aunque antes carga gas-oil en una estación de servicios y allí se da cuenta que una cubierta trasera está baja, por lo que decide cambiarla durante la noche en el camino (algo muy común entre los camioneros).

Ya en la ruta 3, alejado unos 19 kilómetros de Bahía Blanca y faltando unos 30 kilómetros para la localidad de Médanos, recuerda la rueda que está perdiendo aire y se detiene a un costado del camino para cambiarla, aprovechando la tranquilidad y la frescura de la noche.

Al costado del camino, en el lugar que Dionisio se detiene hay un importante monte y una gran porción de agua estancada. Mientras se encontraba absorto en su tarea, siendo aproximadamente la 1:30; ve a su izquierda (hacia el lado de Bahía Blanca), a unos 2.000 metros de distancia, una luz amarillenta que, según supone, podrían ser los faros de un Peugeot 403, un auto francés muy común en esa época que venía provisto de fábrica con faros rompenieblas y ese tipo de luces lo hacía característico en la noche.

El camionero sigue cambiando la rueda y de pronto advierte que la luz se coloca detrás de él, pero por sobre el monte, iluminando todo.
Dionisio Llanca queda completamente paralizado.

Instantes después, alguien lo toma por la parte de atrás de su camisa y lo hace girar y es allí cuando se encuentra cara a cara con tres extraños seres.

Estos seres, de aproximadamente 1,85 m . de estatura, visten un mameluco gris muy ajustado al cuerpo, mientras que tanto las botas 3/4 como sus guantes son de color naranja. Lucen largas cabelleras rubias, tienen pómulos salientes y ojos rasgados.

Son dos hombres y una mujer, a juzgar por las formas de sus cuerpos.

Uno de estos seres le hace una punción en la mano derecha, entre los dedos índice y pulgar con una máquina que Dionisio comparó con una afeitadora.

Allí pierde el conocimiento hasta dos días después, cuando despierta en una cama del Hospital Municipal de Bahía Blanca sin tener noción de cómo llegó hasta allí, en que condiciones y que fue lo que le ocurrió. Son las 22.00 horas del martes 30 de octubre del año 1973.

Llanca no recuerda nada de lo que sucedió durante el lapso en que estuvo amnésico. El no recuerda como llegó hasta el hospital, donde fue internado como N.N. presentando síntomas de conmoción, amnesia y un hematoma en la frente.

La noticia ganó la calle y fue entrevistado por periodistas de LU3 Radio del Sur y de canal 7 TV de Bahía Blanca y es a ellos a quienes les indica donde está su camión y cuanto dinero llevaba. Estas entrevistas no son recordadas después por Llanca.

Efectivamente, el camión se encontró con la cubierta a medio colocar y en la guantera la suma de $ 150.000 (pesos moneda nacional, una cifra algo importante en esa fecha), tal como había indicado el camionero.

La policía provincial se ocupó del caso y realizó una verificación de los hechos.

Así se pudo corroborar que Dionisio Llanca se despertó en la vieja Sociedad Rural, a unos 9 kilómetros de donde estaba estacionado su camión.
Totalmente conmocionado y sin saber quien es, camina a campo traviesa hacia unas luces a la distancia (la ciudad de Bahía Blanca). Pasa por una estación de servicios (el empleado corrobora que fue entre las 03:45 y las 03:50 de la madrugada).

Caminando llega a Bahía Blanca y mientras está parado en una esquina, en un estado lamentable, acierta a pasar un desconocido en un Fiat 1600 que lo levanta y lo lleva a una comisaría. Al llegar al primer destacamento policial lo toman por borracho y no lo aceptan. Lo mismo pasa en otras tres comisarías, por lo que finalmente, siendo las 7:30 de la mañana, acompañado por el desconocido samaritano, ingresa al Hospital Español de Bahía Blanca, repitiendo constantemente su visión de la extraña luz y el encuentro con los tres seres.

Es recibido por la médica de guardia, Mabel Rosa Altaparro; quien lo deriva al Dr. Smirnoff que le realiza la primera revisión médica.

Como no hay cama disponible, lo trasladan al Hospital Municipal, donde ingresa como N.N. y permanece 48 horas amnésico hasta que reconoce a su tío Enrique Ruiz.

Allí es donde comienza lo que se conoce como "Operación Bordeau" realizada por ONIFE, la organización liderada por Fabio Zerpa y que reunió a un importante equipo médico interdisciplinario que incluyó a los doctores Eduardo Mara, Eladio Santos, Ricardo Smirnoff y la doctora Nora Milano.

El equipo realizó una exhaustiva evaluación psicológica, además de tres sesiones de interrogatorios bajo hipnosis y otra con la aplicación de Pentotal Sódico (conocido como "el suero de la verdad").

Durante las sesiones hipnóticas Dionisio recuerda que arriba de los árboles (desde donde venía la luz), había un aparato físico, metálico, de 6 o 7 metros de diámetro.

       

De la nave sale un haz de luz compacto que sirve como una plancha por donde descienden los tres seres. Con una máquina (que el protagonista define como "igual a una afeitadora" y que los profesionales estiman puede ser un instrumento para realizar biopsias), le producen una punción entre los dedos pulgar e índice de la mano derecha.

En ese momento se siente atontado y la mujer ordena a los hombres subirlo, por lo que los dos seres lo toman por las axilas y prácticamente lo arrastran por sobre el haz de luz para ingresar a la nave por la parte inferior. Llanca describe el interior como una gran sala ovoide con una gran mampara que abarca todo el lugar.

Uno de los seres se ubica frente a un tablero con instrumentos desconocidos para el camionero, mientras el otro mira a través de la mampara que parece de vidrio o algo similar y por donde se puede ver el firmamento estrellado.

También puede observar dos aparatos que describe como similares a televisores, pero le llama la atención que en ellos se ven estrellas de colores (no olvidemos que en esa época la televisión en nuestro país transmitía solamente en blanco y negro).

Recuerda también haber visto como desde debajo de la nave surgen dos mangueras o caños flexibles que hacen contacto, uno de ellos con un pequeño arroyo y otro con los cables de alta tensión que se encuentran paralelos a la ruta.

La mujer se quita su guante anaranjado de la mano derecha y se coloca uno negro que tiene punzones en la palma. Intenta colocarle la mano enguantada en el temporal derecho, pero antes, en un movimiento involuntario, le pega en el arco superciliar izquierdo, produciéndole un hematoma. Allí se produce un aparente desvanecimiento, ya que Dionisio Llanca no logra recordar parte de su experiencia.

Se acuerda que en determinado momento se abrió nuevamente la parte inferior del aparato y fue bajado por el haz de luz y dejado en los corrales de la Sociedad Rural de Villa Bordeau, entre viejos vagones, en las vías del ferrocarril Roca.

Todos estos recuerdos fueron extraídos de la mente de Dionisio Llanca a través de las sesiones de hipnosis y corroborados luego con la aplicación del Pentotal Sódico.

Lo explicado por Dionisio Llanca coincide a la perfección con el informe policial.

Lo interesante de éste caso y lo que lo convierte no solo en un clásico, sino en uno de los mejores investigados de nuestro país, son las pruebas que lo avalan. Son verificables y visibles, tanto la punción en la mano como el hematoma sobre el ojo.

Un informe emitido por DEBA (Dirección de Energía de Buenos Aires), delegación Bahía Blanca, confirma una suba inexplicable en el consumo de energía eléctrica entre las dos y las tres de la mañana (coincidente con el momento en que Llanca, dentro de la nave, observa la operación de extracción de agua y fluido eléctrico).

Todos los recuerdos de Llanca, obtenidos por hipnosis coinciden con los hechos; además de los informes médicos en relación al estado en que llegó al hospital.

Muy poco se sabe de la vida del camionero, después del suceso y cuando se tranquilizó el interés investigativo y periodístico.

Se sabe si, que falleció años después, en un neuro-psiquiátrico donde estaba internado por desordenes mentales, aparentemente producidos por su alcoholismo; pero también se puede especular que el desencadenante de ese vicio bien pudo ser la experiencia traumática y la falta de contención de quienes se encargaron de la investigación del caso y luego se olvidaron de él. Las palabras de su tío son esclarecedoras: “después de eso, Dionisio nunca volvió a ser lo que era”.

EL CASO BALVIDARES SIRVE COMO PUNTO DE COMPARACIÓN

Este hecho, que ocurrió al otro día del incidente de LLanca (el 29 de octubre de 1973), en la zona rural de Leandro N. Alem (provincia de Buenos Aires) y tuvo como protagonista a Carlos Balvidares; sin dudas significa un gran aporte al caso del camionero de Bahía Blanca, por la similitud en la característica de los seres, por su comportamiento y sobre todo por la imposibilidad de conocimiento de ambos casos por parte de los protagonistas.

El testigo-protagonista, que se desempeñaba como encargado de un establecimiento rural, se encontraba a media tarde tomando mate, cuando divisó a unos 80 metros de distancia, frente a una laguna, tres seres que él describe como dos hombres y una mujer, con las mismas características, tanto físicas como de vestimenta, de las del caso Bordeau (reitero, ocurrido un día antes y del cual Balvidares no podía tener ningún tipo de conocimiento).

Según el testigo, los seres no caminaban sino que se desplazaban dando saltos con las piernas y los brazos pegados al cuerpo.

Balvidares trata de comunicarse con estos personajes, por lo que comienza a gritarles y es allí cuando los seres se percatan de su presencia y desaparecen para aparecer en el mismo instante al otro lado de la laguna, quedando a unos 300 metros de distancia del testigo. En ese momento Balvidares sé de cuenta que cerca de los seres hay un gran objeto suspendido cerca del suelo.

El protagonista (siempre con la intención de comunicarse con los intrusos), toma el caballo y se introduce en la laguna, llegando hasta la mitad de ésta, ya que en determinado momento choca con lo que él denomina una "pared invisible", que no le permite avanzar, incluso el animal se niega a continuar.

Ante la imposibilidad de acercarse, Carlos Balvidares opta por volver y sentarse a tomar mate mientras contempla los movimientos de los seres. Esta situación duró aproximadamente una hora y media por lo que tuvo oportunidad de ver todos los detalles, tanto de los seres y sus actividades, como de la nave.

Así manifiesta que aparentemente la mujer dirigía el grupo y se comunicaban entre ellos mediante chillidos que el testigo compara con una radio mal sintonizada.

Entre las cosas extrañas que sucedieron se da el caso de una chancha encerrada en un corral que saltó de forma increíble la empalizada y se fugó del lugar. Tanto este animal como algunas ovejas que se encerraban en ese lugar, se resistieron a volver y fue imposible encerrarlas nuevamente allí, por lo que debió construirse otro corral.

Aproximadamente a las 19:00 horas, Balvidares sintió un fuerte olor a azufre que le produjo una momentánea somnolencia. Al recuperarse de ese estado notó que los seres y la nave habían desaparecido.

Lo interesante de este caso es que Carlos Balvidares no podía saber nada del incidente ocurrido a Dionisio LLanca y que además, por su condición de hombre de campo, no era afecto a lecturas de ciencia ficción ni tenía conocimientos sobre el fenómeno ovni.

Este es el caso del camionero Dionisio Llanca, quien es considerado el primer abducido de nuestro país.

 fuente: Raúl Avellaneda

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